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Medianoche en el Juzgado

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Primer premio XIV Concurso Creación Literaria Colegio Abogados          

de Alicante ( Año 2014)

                            MEDIANOCHE EN EL JUZGADO

      Nicanor inició su ronda nocturna justo a medianoche. Formaba parte de su rutina diaria. No es que le apeteciera lo más mínimo recorrer esos fríos pasillos y los mil recovecos que componían el edificio del viejo Juzgado, pero se lo tomaba ya como obligación autoimpuesta. La verdad  es que no pensaba que nadie viniera a robar un expediente de madrugada o a hacer desaparecer pruebas incriminatorias pero, como nunca se podía saber, lo mejor era cumplir con su deber. Para algo estaba allí. Además, si no, era muy aburrida y muy larga su jornada nocturna.

Aquella noche de noviembre era ligeramente fresca. Habían caído cuatro gotas durante la tarde y se había enfriado el ambiente. Quien diría que estábamos cerca del invierno y pudiésemos ir en mangas de camisa. Cosas del clima mediterráneo del sudeste español en aquella pequeña ciudad costera.

Pertrechado con una linterna para no malgastar luz, sus ojos verde esmeralda ya estaban acostumbrados a la penumbra. Realmente después de tanto tiempo trabajando de noche, ya veía mejor en la oscuridad que a plena luz del día, la cual le molestaba casi como si fuera un vampiro y le obligaba casi siempre a llevar gafas de sol. Se había vuelto un animal nocturno dado que su trabajo empezaba cuando la mayoría de personas se iba a dormir. Sus sentidos se agudizaban en la oscuridad y hasta se podía decir que su oído se asemejaba al de un murciélago.

Nicanor tenía cuarenta y tres años, medía un metro setenta y pesaba alrededor de noventa kilos. No era mal parecido. En otro tiempo tuvo un cuerpo atlético que se fue perdiendo por la falta de estímulos y la vida sedentaria de vigilante nocturno, así como por las buenas comidas que se preparaba, aunque fuera para él solo. Le encantaba cocinar y  la ronda nocturna habitual por aquellos solitarios pasillos era su único ejercicio.

El edificio del Juzgado  se componía de dos plantas que culminaban en una estructura de vigas metálicas al aire que sustentaban un techo a dos aguas extremadamente ligero. Más bien se podía decir  que esas vigas eran pura ornamentación, para darle un aire moderno a un antiguo edificio remodelado a parches y a toda prisa.  Antiguamente había sido la cárcel de la ciudad y allí había muerto mucha gente. Alguien tuvo la feliz idea de reconvertir el viejo edificio, ya muchos años en desuso, en los nuevos Juzgados y en un tiempo record se realizó la reforma.

El laberíntico edificio fue tomando forma en lo que es  actualmente pero lo que quizás no fue de dominio popular era que al acometer una reforma de esas características, había  que limpiar bien todo lo anterior, dejando solo el esqueleto o estructura del edificio. En este caso hubo zonas , no se sabe si debido a las prisas por inaugurar o a pura desidia, que no fueron limpiadas en profundidad.  En concreto, las paredes de las antiguas celdas no fueron rascadas hasta dejar el muro sino que se enlucieron y pintaron sobre las capas de detritus de los presos que las habían albergado y tiempo después contaban algunos trabajadores del Juzgado que cuando llegaba el calor , los efluvios que se filtraban a través de las paredes  eran tan intensos  que casi se mareaban, por muchas ventanas abiertas que tuvieran o por mucho ambientador que echaran.

Los malos olores no eran el único problema de aquel edificio. Durante el día el crujido de las paredes y vigas se amortiguaba con el ruido constante de gente entrando y saliendo, del griterío de las familias extensas que venían a acompañar al detenido de turno y de la bulliciosa vida de un Juzgado de capital de provincia. Pero al caer la tarde, todo quedaba en silencio. Salvo el Juzgado de Guardia y  el servicio de limpieza, poca gente se movía ya por sus pasillos.  Y al anochecer, silencio total.  Ahí era cuando empezaba el turno de Nicanor, su reducto, su mundo.

Hacía tiempo que notaba corrientes de aire frío cuando pasaba por los pasillos del ala izquierda de la segunda planta.  No le ocurría en los demás, pero suponía que era por la cercanía del techo cubierto de vigas al aire o por alguna grieta que no veía y que filtraba el fresco nocturno. Tampoco quería darle mayor importancia.  Era una corriente que le erizaba la nuca y le obligaba a levantarse el cuello de la chaqueta, que le daba dos o tres vueltas alrededor del cuerpo y luego desaparecía de golpe. Le resultaba muy rara la sensación, pero él no era ningún miedoso y nunca había creído en fenómenos extraños. Pero aquella noche algo le alertó. Unido a la brisa helada vio un leve destello al final del pasillo.

Iluminado solo con su linterna, ese destello podía haber sido el reflejo de la misma sobre el cristal del fondo. Se acercó y preguntó “¿Quién va?”, como si realmente alguien fuera a contestarle. El vello de su nuca se erizó con la corriente fría que le recorrió la espalda y dos gotas de sudor perlaron su frente. Era  ya un hombre curtido y había tenido que enfrentarse a todo tipo de personas dado su trabajo, pero esta vez intuía que algo no iba del todo bien. Volvió a sentir el frío en espiral recorriendo su cuerpo y un sonido leve como de bisbiseo de voces bajas y lejanas.Volvió a preguntar “ ¿Quién va?” y de pronto las luces del pasillo empezaron a encenderse y apagarse.

 Giró sobre sus talones y casi se dio de bruces, si se pudiera decir realmente así, con la figura de un hombre ya cercano a los setenta años, de pelo y barba blanca, elegantemente vestido con un traje gris claro y chaleco que le miraba con infinita tristeza en sus ojos.  Teniendo en cuenta que eran las doce y cuarto de la madrugada y que su figura estaba como ligeramente desdibujada,  estaba claro que aquel señor  no se había quedado encerrado en el edificio tras la jornada laboral.

Las luces se apagaron de golpe y Nicanor corrió como alma que lleva el diablo hasta la planta baja, abriendo con manos temblorosas la puerta de la calle y saliendo a la fresca noche de noviembre , que a él le parecía helada dado el susto que llevaba encima. Se sentó en un banco de la plaza que rodeaba el Juzgado e intentó que su respiración volviera a la normalidad.  Seguro que había visto visiones. 

   -No era un fantasma, no era un fantasma, se repetía una y otra vez.

En su familia siempre se había hablado de la abuela Aurelia que veía muertos , pero él siempre se había burlado de aquello, a pesar de que le avisaba de que un buen día se podía despertar su don y a eso no se podía renunciar. La verdad es que a veces  había creído oír voces  o ver sombras, pero como su miedo era tan grande, pensaba que todo era producto de su imaginación e intentaba pensar en otra cosa.

-Ay abuela Aurelia, ya me podías haber dejado otra cosa en herencia….. que soy muy miedoso, que no me apetece tener relación con nada sobrenatural.

Pasada ya media hora y con el frío de la madrugada metido hasta los huesos, decidió regresar al Juzgado cuya puerta había dejado abierta de par en par.

Encendió todas las luces, como si empezara la jornada habitual y armado con un valor que no sabía de donde le nacía decidió regresar al pasillo donde se había encontrado con aquel señor de piel casi transparente, pero cuyos ojos transmitían una súplica que no podía quitarse de la cabeza.

Volvió a subir las escaleras y entró decidido en el pasillo. Ahora la luz blanca de los focos del techo iluminaba hasta el último rincón.  Tomó aire hasta el fondo y exhaló lentamente como para darse ánimos y preguntó por tercera vez “¿Quién va?. Pasaron diez segundos eternos y de pronto por el lateral izquierdo del pasillo volvió a aparecer ese hombre.

Nicanor intentaba no temblar del miedo que sentía y se acercó lentamente a aquella figura. Realmente parecía un anciano venerable , muy bien vestido y con un porte de elegancia y distinción. Se atrevió a decirle buenas noches y si necesitaba algo. Entonces escuchó una voz que sintió más dentro de su cabeza que realmente en sus oídos.

-Gracias por escucharme. Llevo tiempo viniendo por aquí, pero nadie me hace caso e incluso pasan a través mío. Le vi muchas noches haciendo la ronda y hasta hoy no he percibido que realmente podía verme y escucharme, no sabe lo que se lo agradezco.

-Pues ,la verdad, contestó Nicanor , es que no sabía que podía verle ni oirle. Mi abuela Aurelia siempre me dijo que quizás un día heredaría su don, pero yo no quería hacerle mucho caso, entienda Ud que más por miedo que otra cosa.

-No tenga Ud miedo de mi. Puede estar tranquilo. No quiero hacerle ningún daño. Sólo necesito de alguien que me ayude y transmita un mensaje . Es muy importante . Un caso está en juego  y debemos darnos prisa.

-Vaya, esto me suena un poco como de película , pero la verdad es que no me apetece mucho ser el protagonista en la vida real, dijo Nicanor. ¿ Quiere  Ud que nos sentemos?, cerca hay unos sillones de plástico en los que espera la gente para juicio.

Nicanor se sentó con las piernas temblando y el señor de barba blanca prefirió quedarse de pie , iniciando su relato….

-Verá Ud, me llamo, bueno, me llamaba Desiderio Villanueva. Era abogado. Vivía en esta ciudad , era viudo  y ejercía todavía para no sentir la soledad de una casa y una vida vacías.

 Me dediqué toda la vida a trabajar y me olvidé por completo de disfrutar de las pequeños momentos  que conforman una vida.  Mi mujer murió cuando yo tenía sesenta años. No tuvimos hijos , así que me encontré absolutamente solo. El trabajo fue mi refugio si cabe incluso más que antes. Trasladé mi despacho a casa y salía lo imprescindible , principalmente para ir a los juicios. Tenía fama de ganar casi siempre, y me venían los casos más complicados. Cuando un compañero no sabía  qué hacer y se desesperaba por no encontrarle solución , me remitía su asunto. Solían decir:  “Desiderio , te paso un muerto”. Estudiaba los asuntos a fondo, lo miraba desde todas las perspectivas y como un detective , buscaba detalles que marcaran la diferencia.  Disfrutaba con mi trabajo , era lo único que me quedaba. El exceso de trabajo, la mala dieta, la falta de ejercici , la edad y la desmotivación por la vida hicieron que un día me diera un ataque al corazón fulminante  en mitad de la noche.

Entonces, todo quedó a medias ….  Todos los asuntos que estudiaba quedaron interrumpidos.  Me encontró la señora de la limpieza a la mañana siguiente, pero ya poco se podía hacer por mi.  No tuve demasiada gente en mi entierro. Poca familia , un sobrino nieto , más interesado en mis bienes que otra cosa y algunos compañeros de mi quinta.  Es triste acabar tan solo… hasta en tu propio entierro.

Pero bueno, recogí lo que sembré …  Ya no puedo hacer nada por eso. Si volviera a vivir , tengo claro que cambiaría muchas cosas , y una de ellas sería darle al trabajo la importancia justa y disfrutar de la vida: la familia, los amigos , del cada día, de los detalles…. Ojalá me hubieran dado a mi ese consejo mucho antes, y …  lo hubiese escuchado…..

No quiero ponerme sentimental , ya tiene poco sentido  . La realidad es que necesito ayuda para hacer llegar una información, como ya le he dicho antes.

Tras mi fallecimiento mi sobrino vació mi casa y entregó mis casos a una abogada conocida suya . Fijaron que recibiría el veinticinco por ciento de los honorarios de cada caso. Muchos clientes, al enterarse , fueron a recoger sus expedientes. No se fiaban que  una completa desconocida  siguiera con sus asuntos.  En realidad solo quedaron cinco de mis antiguos casos en su despacho. Cuatro fueron resueltos en poco tiempo . Era una chica con un estilo de pensar muy parecido al mío, parecía mi alter ego.  Ganamos los cuatro.

 Pero aún quedaba un caso, el más difícil, el que en vida me había hecho perder el sueño y hasta el hambre.  El “verdadero muerto”. El caso que nadie quería porque sabía que no había visos de ganarlo. Extremadamente enrevesado. Precisaba algo más que conocer el Derecho.

Luisa Marco, la joven abogada , le estaba dedicando muchas horas y seguía sin verle la luz. Luisa era soltera y vivía sola en su casa-despacho. Parecía que el trabajo fuera lo único que llenara su vida.  Había cogido aquellos casos casi por obligación. Había asuntos realmente interesantes,pero lo clientes no  confiaban en una abogada joven para aquellos casos tan complejos  y prefirieron llevárselos a pesar de no saber quien realmente podía ayudarles.  Sólo le habían quedado cinco asuntos de aquel abogado mayor, que murió de repente dejando aquellos casos inconclusos. Con muchas horas de estudio y su instinto jurídico pudo resolver cuatro de ellos y  eso que no eran nada fáciles. Pero eso quinto…

¿Por qué no avanzaba? Había mucho en juego y no sabía por donde cogerlo. Le faltaban algunas claves. Sentada ante su mesa de despacho cada vez que terminaba su jornada y cenaba algo, volvía a retomar ese caso que empezaba a obsesionarle.  Se acercaba la fecha del juicio  e iba a ser un gran fracaso , salvo que se produjera un milagro….

         Nicanor escuchaba ensimismado la historia que le estaba contando Desiderio. Hacía rato que se le había pasado el miedo y por momentos olvidaba que ese hombre ya no estaba vivo. Había tenido que ser un personaje importante en vida , aunque realmente parecía no haber vivido una vida plena: Sin familia, sin amigos, sin nada ni nadie que le recordara… Una pena. Si estaba en su mano ayudarle por supuesto que lo haría . No todos lo días ocurrían cosas tan extrañas como esa .

El fantasma le comentó que le necesitaba para hacerle llegar una información importante  a la abogada que llevaba ahora su caso. Se había presentado varias veces en su casa, había estado a su lado repasando el asunto , le había revuelto los papeles intentando trasmitirle mensajes pero ella no se enteraba de su presencia, mas bien se desesperaba al no entender el revoltijo de documentos  con el que se encontraba cada noche al retomar el estudio del tema.  Tenía que presentarse  en su despacho a la mañana siguiente y explicarle la situación. Ya sabía que iba a ser complicado y le podía tachar de loco pero no tenían otra opción.

El le acompañaría para ir comentándole lo que tenía que decir , eso si era recibido y no acababan cerrándole la puerta en las narices.

 Nada perdía intentándolo y si funcionaba, habría ayudado a alguien desesperado y con un asunto pendiente por el que no podía descansar en paz.

A la mañana siguiente se presentó en el despacho de Luisa Marco. No había pedido cita .La portería estaba abierta, así que subió los dos pisos por la escalera. Se paró en la puerta con la placa metálica que indicaba Abogada y sin pensarlo dos veces llamó al timbre. Eran las nueve de la mañana. Podía ocurrir que hubiese ido al Juzgado o que estuviera con alguna cita, pero era lo suficientemente pronto para que pudiera pillarla todavía allí. Sabía por Desiderio que ese piso era tanto su casa como su despacho y era posible que todavía no hubiera salido.

Oyó pasos acercándose a la puerta, ruido de mirilla y pestillo descorriendose.  La puerta se abrió y se encontró frente a frente con aquella mujer que seguro no tardaría en tacharle de loco y plantarle en la calle.

-Buen día, le dijo.

-Buenos días, contestó ella.

-Verá, no tengo cita concertada pero es un asunto muy urgente y por eso me he presentado directamente en su casa. Necesito que me atienda unos minutos. Creo que es importante para Ud.

Luisa se quedó un poco sorprendida por aquella visita inesperada. Aquel día no tenía señalamientos ni visitas y lo quería dedicar a estudiar ese asunto que había heredado y tanto le preocupaba. Faltaban dos días para el juicio y se encontraba tan perdida… Temía hacer el más absoluto ridículo. Iba a decirle a aquel hombre que no podía atenderla en ese momento, pero algo extraño en su cara le hizo cambiar de opinión.  Un cliente siempre es un cliente.  Le hizo pasar directamente a su despacho y le ofreció un café recién hecho.

-Bueno, Ud dirá….

-Verá, me llamo Nicanor Enriquez .Imagino que  cuando le cuente a lo que vengo me invita a irme, pero he reunido el suficiente valor para venir hasta aquí y necesito que me escuche sin interrupciones , por muy extrañas que le parezcan mis palabras, luego haré lo que  desee, y si me pide que me marche lo entenderé. Luisa lo miró intrigada y le invitó a continuar.

Nicanor respiró profundamente y le soltó de golpe todo lo que le había contado  Desiderio de corrido. Luisa creyó que estaba siendo víctima de alguna broma  porque la situación resultaba trágico-cómica.

 Aparecía un señor sin cita previa en su despacho y le contaba una historia sobre fantasmas relacionada con el caso que tenía entre manos. Demasiadas casualidades. No sabía qué pensar. Su cabeza daba vueltas intentando no enfadarse con ese señor educado pero quizás un tanto mal de la cabeza.

¿ Qué hacer? ¿Acompañarle a la puerta y decirle que ya le llamaría? ¿Seguir escuchándole? Tragó saliva y se dirigió a Nicanor.

-Verá Ud, comprenda que la situación me resulta surrealista. Dice traerme el mensaje de un muerto. ¿Qué debo pensar?

Nicanor le dijo que lo entendía, pero que él era solamente un mensajero, ya que para suerte o desgracia suya, había heredado el don de su abuela y la noche anterior se le había presentado el fantasma de un abogado fallecido para pedirle un favor.

Luisa ya no pudo más cuando Nicanor le comentó que para más detalles del tema había venido acompañado por el fantasma del fallecido y que le tenía sentado en el otro sillón de confidente enfrente suyo.  Se levantó de golpe y le dijo a Nicanor que ya valía de chanzas y que mejor si se marchaba.  En ese momento la puerta de su despacho, que había quedado abierta, se cerró de un portazo sin corrientes de aire aparentes.

-El Sr Villanueva le pide que por favor se calme y que acabe de escucharnos, comentó Nicanor. Está mucho en juego y tenemos poco tiempo. Por favor, tranquilícese. Yo tampoco lo estoy pasando nada bien, pero hay en juego intereses mayores.

El corazón de Luisa latía a toda prisa. Estaba realmente asustada. No le gustaba nada aquella situación.  Lentamente volvió a sentarse y dirigió la mirada al sillón de confidente vacío. Mordiéndose los labios, le pidió a Nicanor que continuara.

-Verá Ud, el Sr Villanueva desea que escuche todo lo que estuvo investigando y estudiando él  sobre el tema. Como murió de repente no pudo compartir con nadie esa información , pues pensaba que él iba a celebrar el juicio. Creía haber descubierto la clave del asunto. Se lo había estado intentado transmitir estudiando con Ud, por eso encontraba revueltos los papeles cada día. Como no le podía ver ni oír, Ud no entendía sus señales. Por eso recurrió a mi al darse cuenta de que podíamos comunicarnos.

Me dice que con mucho gusto le ayudará en este tema ya que se siente responsable del asunto.

Luisa estaba alucinada. Pensó si todavía no había despertado de un sueño. Se pellizcó y el dolor le hizo comprobar que estaba bien despierta.  Empezó a hacer preguntas y Nicanor transmitía las respuestas de Desiderio como si él mismo estuviera bien enterado del asunto. Se notaba que ambos habían estudiado en profundidad el tema , parecía un duelo dialéctico. Comentaron mil y un detalles, los confrontaron y ataron todos los cabos sueltos.  Estuvieron hablando durante horas, hasta olvidándose de comer.

Ese hombre vino a traerle la información que precisaba, los datos que desconocía y que dieron luz al caso. Al fin tenía todas las claves.  Fue  una labor investigadora intensa la que realizaron  cada uno por su lado.  Ella descubrió  varias, pero ese hombre le dio las que faltaban.  Ese caso requería mucho más que conocer el Derecho en profundidad. Su complejidad requería jugar con matices, detalles, percepciones … Ser  mucho más que un abogado….

Ni que decir tiene que el caso fue ganado, para sorpresa de todo el mundo.

Llegaron las felicitaciones, incluso de compañeros que nunca creyeron que ese asunto fuera a salir bien. A quien le preguntaba les decía que contó con  ayuda divina y les guiñaba un ojo. Realmente había sido así…

Tras conocer el fallo, Luisa invitó a Nicanor a comer. Tenía que agradecerle toda la ayuda que le había brindado , al actuar de intermediario en ese asunto tan  extraño. Le preguntó por Desiderio, y éste le comentó que tras el juicio un buen día se le apareció para despedirse, le dijo que sabía que todo iba a salir bien y que su trabajo aquí estaba terminado. Le dio las gracias y un mensaje que dijo que era para los dos pero que esperara al día que se dictara Sentencia.

-¿ Y cuál era ese mensaje preguntó Luisa?

-Algo muy sencillo y que siempre se nos olvida, dijo Nicanor con una sonrisa.

     “No se olviden de vivir ”                          

                                                                     MªCarmen LLopis Fabra

                                                                           Abogado   

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