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YO HE VENIDO AQUÍ A HABLAR DE MI LIBRO

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                                                       Capítulo V

         Cuando estás celebrando un juicio penal y Su Señoría le da la última palabra al acusado, casi todos los abogados nos echamos a temblar. Si hay algo que he aprendido con el tiempo  es que muchas veces es conveniente no hablar demasiado para evitar meter la pata, pero parece que ese momento de gloria en que el acusado puede decir lo que quiera como broche de su juicio adquiere connotaciones surrealistas en más de una ocasión.

         Qué abogado no ha tenido un cliente al que acusaban de un robo o de un hurto y que con sus últimas palabras ha desmontado la defensa que tanto trabajo ha costado hacer.

-… Señor Juez, yo no lo he hecho, pero si lo hubiera hecho me arrepiento mucho…

-…Señor,  yo no quise robar el coche pero rompí sin querer queriendo la ventanilla y puesto ya, me llevé unas cosillas que habían dentro…

         Recuerdo un caso en el que denunciaron a mi cliente por enviar unos emails a su todavía esposa en los que le decía poéticamente lo que pensaba por haberle dejado. El señor negaba los hechos y decía que solo le había enviado párrafos de uno de sus libros, dedicado tiempo atrás a su   exuberante esposa, una mujer veinticinco años menor, que ahora se había marchado con un atractivo y musculoso piloto comercial. Reconocía tener un estilo literario oscuro y gótico, cercano a los poetas decimonónicos.

         Tanto insistió en que en esos emails solo aparecían frases de su libro, que le pedí que me lo trajera y lo aportaríamos como prueba principal en su juicio. Basé su defensa entre otras cosas, en su estilo literario particular y oscuro y la falta de ánimo de ofender a su mujer. Mi cliente se explayó en su declaración sobre su exitosa carrera literaria y lo orgulloso que estaba de sus libros. Parecía que estuviera más en un programa de televisión promocionando su libro que en un juicio. Cuando la Juez le dio la última palabra este dijo:

-Señora, ¿puede devolverme mi libro? Es que es la última copia que tengo. Cuando haga más, yo vengo y le traigo uno dedicado.

La Juez le dijo que no, ya que si no se llevaba la prueba principal de su defensa.

Lo fulminé con la mirada desde el estrado porque si lo hubiera tenido a mi lado le hubiera dado una buena patada por debajo de la mesa.

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